12 junio 2007

Habitación 102

"El olor de los cubos de basura le golpeó al detener el coche y abrir la puerta. Se forzó a respirar por la boca durante unos segundos, mientras sacaba la bolsa deportiva que llevaba en el maletero. Se la colgó al hombro, sobre la gabardina pasada de moda, e inició el ascenso por unos escalones de piedra que conducían al caserón. “Motel Dickinson”, rezaba la pintura desconchada del cartel junto a los setos. Dos lámparas rústicas arrojaban luz sobre el porche, donde una mecedora se movía al compás de la brisa nocturna. Oprimió el timbre durante un segundo, en cuanto la puerta se abrió con un tenue crujido, se arrepintió de no haber seguido conduciendo.
- ¿Sí?- dijo una mujer al otro lado, sesentona y rechoncha. "

Inicio de un relato que voy a presentar al 11º Taller Literario de la Semana Negra de Gijón. Vuelvo a dejarlo, por su extensión, en MegaUpload; ya sabéis, introducís el código, esperáis a que termine el tiempo y le dais a Free Download.
Y criticáis, claro.

http://www.megaupload.com/es/?d=T7BU171E

08 mayo 2007

Sueños y agujas

CIII (Ainhoa)

"Mis dedos se enredan en sueños entre las nubes de tu pelo,
Me pierdo en su fragancia onírica, me embriago de
Tu piel y me pierdo en tus labios de humo y palabras.
Me asusto al pensar en ti, pero sonrío al soñarte, y
Se me desboca la imaginación, y me encanta (me encantas).
Te encuentro en cada acorde, en cada verso y en todas
Las miradas que imagino a oscuras, con una sonrisa
Siempre y sólo para mí, y espero el día en que esa sonrisa,
Y esos labios, sean míos."



CVI (Ruth)

"Hace tanto tiempo que no me acuerdo de hacerte sonreír
Que casi se me olvida cómo es imaginar tu sonrisa,
Encerrada en esos ojos grises, oscuros pozos de lágrimas
De pena viva, besados por tus labios de agujas crueles.
Y con tu sonrisa viene una habitación en silencio,
Abierta a un amanecer plomizo y frío, donde sólo
Existe tu mano, tu rostro, tus labios; donde el reloj
Se pierde en anillos de humo gris como tus ojos."


Bla, bla, bla. Sigo sin saber cómo se riman las palabras. La foto es "RainMan", del señor sem404 (buscadle en Deviantart, es muy bueno).

16 abril 2007

Victoria

"La había visto por primera vez cuando tenía doce años, e incluso entonces supo que se había enamorado. Casi dos metros y medio de mármol de dos mil doscientos años de antigüedad se alzaban orgullosos frente a su escasa altura en forma de imponente mujer alada, con el húmedo chitón y el manto que ceñía su figura esbelta iluminados por los focos blanquecinos del Louvre.
En aquel momento, ya lejano, casi pudo imaginar un rostro sobre la cicatriz cincelada a golpes en su cuello, de hermosa y pétrea severidad, clavándole una mirada delicada y amorosa.

Julien se sentó en la silla curul de madera apolillada, dejando caer pesadamente su cuerpo. Enterró el rostro entre las manos, cubiertas de polvo blanquecino, agrietadas y duras como el cuero. Las venas corrían gruesas como gusanos verdes bajo la piel del dorso, las uñas estaban sucias y rotas.
Observó el extremo del cincel clavado en el banco de trabajo de madera, desastrado. El mango de la herramienta aún rodaba por el suelo cubierto de periódicos viejos y amarillentos. Julien le dio una patada y se hundió de nuevo. Nunca, nunca, sería capaz de hacerlo."




Sólo es el principio, el resto, pulsando aquí, pero actualizar un par de veces la página hasta que veáis el minicuadro de descarga, la primera vez siempre da error. Ya sabéis, despellejad a discreción.

31 marzo 2007

Desde la ventana 01

"Son las nueve menos veinte y el humo me anega la garganta. Estoy haciendo una pausa mientras devoro un libro que hacía tiempo que esperaba leer. Llevo desde las cinco de la tarde y han caído más de trescientas páginas. Mientras chupo del filtro, cuya base blanca se tiñe de un marrón sucio muy poco saludable, me apoyo en el alféizar de la ventana, de piedra oscura con vetas blancas, cuajado de manchas. El tubo del gas está sucio, cubierto por una película amarillenta de la ceniza que se me cae de vez en cuando. Hace frío (el panel luminoso de la farmacia de al lado marca diez grados centígrados) y el cielo está gris claro. Recorro el familiar paisaje de la calle, observo a la gente que camina y a los coches que circulan esquivando a los estacionados en doble fila, recurriendo con demasiada frecuencia al violento sonido del claxon. Puedo ver quizá a cien, ciento veinte personas. Más de las que nunca llegaré a conocer realmente. Es un pensamiento que a veces me entristece, el mundo es demasiado grande.
Veo pasar una furgoneta de MRW (sobre el techo blanco hay una cifra estampada en azul, “0743”) y me pregunto qué clase de cosas llevará dentro. Una anciana con el pelo muy blanco tira de su carrito de la compra con fuerza mientras las ruedas chocan con las baldosas estriadas de la acera. Por un momento pienso en cómo habrá sido su vida, cuál será su nombre, si le gustará el café con leche y galletas que tomaba mi abuelo todas las mañanas. Otro jirón de ceniza cae en espiral hacia el asfalto lleno de manchas mientras una niña con coletas atraviesa un paso de cebra dando saltos, con su apurada madre unos pasos por detrás, empujando un carricoche. Fumo hasta que la línea anaranjada roza la marca que hay sobre el filtro, ya con un sabor demasiado amargo en la boca. Dirijo una última mirada a la calle, cierro la ventana palpando la pintura desconchada. Apago el cigarillo con un chorro de agua y lo tiro a basura. Camino hasta el sofá y abro el libro. Tras la primera palabra, ya no me preocupan las historias de toda esa gente que camina y conduce a través de mi calle."

Vosotros diréis.

20 marzo 2007

Retazos 06

Fresca, no la terminé ni hace diez minutos. Y con visos de convertirse en un cortometraje.

"Los cigarrillos se agotaban muy despacio, el humo formaba una ancha espiral sobre la cama, viciando el aire cálido. Sus cuerpos, bajo el edredón, estaban enredados, sudorosos, pegados el uno al otro. Respiraban con suavidad, ahogándose en cada calada y sin decirse nada.
- ¿Crees que existe el sexo sin amor? Follar por follar, vaya- preguntó ella, dejando la colilla arrugada en el cenicero de cristal.
- Sí. ¿Cómo llamas a esto, si no?- rió él, dejando que le pellizcase.
- Hablo en serio- una pequeña pausa en la música, muy baja, le dio dramatismo a sus palabras. Él carraspeó.
- Bueno…no sé. Supongo que sí.
- ¿Supones?
- Sí. Pero, ¿a qué viene esto? Yo prefería seguir con el pitillo y en silencio- sonrió.
- Ya, vale, pero es que me dijo Ana esta tarde…
- ¿Piensas en Ana después de que hagamos el amor? Creo que voy a preocuparme- se arriesgó a un nuevo pellizco.
- Joder, que estoy en serio. Es que su novio la dejó porque se había acostado con un tío hace un par de semanas, a lo tonto- ella le miró, mientras él fumaba y lo pensaba un momento.
- No creo que sea tan grave. Es decir, ¿qué es el sexo? Para mí, tiene dos enfoques. Puedes follar simplemente por follar; es placer físico, lo disfrutas y nada más, una hora o dos…
- Exageras un poco, ¿no?
- Es mi promedio, ¿vale?- sonrió-. Pero lo importante es que puedes tener sexo sin compromiso, sólo por el simple placer de tenerlo, de compartir un momento agradable con alguien, casi al azar.
Ella intentó hablar, pero él la acalló con un gesto y dejó caer la ceniza sobre la colilla anterior.
- Ibas a decir que es una postura muy machista, ¿a que sí?- ella asintió-. Para empezar, me parece un comentario fácil y estúpido. Joder, hoy en día una mujer es libre de acostarse con un tío y a la mañana siguiente no dejarle ni el olor en las sábanas, ¿vale? Y lo mismo un hombre. Al que diga lo contrario que le jodan- dio un par de caladas, largas-. Entonces, tenemos el segundo punto de vista. A mí no me parece lo mismo acostarte una noche con un desconocido que hacer el amor con tu novia, o tu novio. Para mí es un nivel de compromiso distinto, aunque básicamente es exactamente lo mismo. Quiero decir, si ligo con una tía en un bar y subo a casa con ella, no voy a fumar abrazado a ella cuando terminemos, ¿sabes lo que te digo? El sexo con alguien a quien amas, si quieres decirlo así, implica algo más que placer físico; cariño, o algo por el estilo- respiró profundamente, fumó otra vez-. Creo que me estoy liando. ¿A qué venía todo esto?
Ella acababa de quedarse dormida sobre su hombro."

Ya sabéis lo que toca.

16 marzo 2007

Poética - 02

CI (El viejo)

Yago viejo, tan viejo, sobre el lecho de largos años,
De muchos rostros y pocas voces, de recuerdos que
Se ahogan en la oscuridad y desaparecen en silencio.
Vivo en este cuerpo anciano con la piel dura y seca,
Cubierto de arrugas, de marcas y cicatrices, con el
Pelo gris y la barba hirsuta; débil, frágil, quebradizo.
Y cada día escucho el susurro de la muerte tras de
Mí, el cansado fluir de la sangre espesa en las venas de
Madera. Oigo gemir mi corazón agotado, aún orgulloso;
Orgulloso de las manos encallecidas y los ojos tachonados de
Amaneceres que esperan, que anhelan un dulce ocaso
En rojo sangre."





Mis disculpas por esta larga pausa entre esta entrada y la anterior; no conseguí actualizar la versión de Blogger hasta hace unos minutos. El anciano es Victor Hugo.



Como siempre, abierto a críticas.

06 febrero 2007

Retazos 05

"Hacía frío en la estación de autobuses. Víctor ahogó el cigarrillo contra el suelo de cemento con la punta de la bota y siguió marcando el compás de la música. Expulsó el humo lentamente mientras se frotaba las manos.
- C’mon, c’mon, c’mon and play me hard!- cantaba en voz baja. Una voz aséptica anunció una salida hacia Madrid en quince minutos, aunque se escuchaba muy bajo por encima de Crucified Barbara.
Miró por encima del hombro, bostezando. Había una docena de personas detrás suyo, esperando en una cola serpenteante, y otras tantas por delante. Bufó; todo indicaba que le iba a tocar compartir asiento con alguien que le miraría mal por llevar la música demasiado alta o intentaría contarle su vida y milagros en veinte minutos de trayecto. Encendió otro cigarro, soltando el humo por la nariz congelada. Gruñó un taco cuando vio un fluorescente que marcaba cuatro grados.
La chica que estaba delante suyo le miró de reojo, casi disimulando. Apenas pudo apreciar su perfil durante un segundo, ella enseguida siguió mirando hacia delante, con abundante cabello liso y negro cayendo hasta la mitad de la espalda. Se frotó los brazos por encima del anorak rojo oscuro. Víctor desvió casi sin querer la mirada hacia su culo (proporcionado, firme) y sus piernas (demasiado delgadas). Meneó la cabeza con una sonrisa y miró de nuevo el reloj de la estación, impaciente.

Al cabo de diez minutos observó decepcionado cómo medio centenar de personas (las contó, sólo por entretenerse) bajaba del autobús, conductor incluido. No tenía ganas de que los dedos se le pusiesen azules, pero todavía debían de quedar otros diez minutos de espera. Maldijo y cambió el peso de pierna. La chica que estaba delante suyo sacó las manos de los bolsillos y miró el reloj de su muñeca. Acto seguido echó a andar hacia la derecha y se perdió entre la multitud que confluía en la entrada al edificio bajo que había frente a los andenes.
Víctor bostezó otra vez y se arrepintió de no haber dormido una buena siesta por culpa de Ana. Pensó en lo poco que había servido tomar café con ella, al menos a nivel orgánico. Desvió la vista al suelo mientras se estiraba. Habría un par de metros de hormigón entre sus pies y los del siguiente anónimo que esperaba el autobús; la chica de las piernas delgadas aún no había vuelto. Víctor la buscó inútilmente con la mirada durante un momento y encendió, indiferente, otro cigarrillo. Una guitarra se desgarraba en acordes a través de los auriculares.
Mientras daba una calada, un anorak azul oscuro apareció entre la gente. La chica de las piernas delgadas se acercó a grandes pasos, con el pelo contoneándose al ritmo de sus caderas enfundadas en vaqueros oscuros.
- ¡Gracias!- cuando volvía a su sitio en la cola, delante de Víctor. A él la sonrisa le pilló casi por sorpresa, al igual que aquella voz aguda. Alzó la vista un segundo e inclinó la cabeza mientras murmuraba algo parecido a “No importa”. Ella le miró, todavía sonriendo, durante un segundo y se giró.
Tenía unos enormes ojos azul claro y una sonrisa de labios pequeños y rosados que se desvaneció tan rápido como había llegado. "

Ahora ejerced de Risto Mejide, nenes.

03 enero 2007

Retazos 04

"Andrea aferraba a su espalda con fuerza, intentando reprimir sus gemidos, mientras él abrazaba su cintura y enterraba la cabeza entre sus pechos. Se unieron durante la placentera eternidad de un segundo, y al cabo se apartaron lentamente el uno del otro. Quedaron tendidos, desnudos, sobre la cama, con el edredón enredado a los pies, sin decirse nada.
Víctor le tendió un cigarrillo a Andrea tras encenderlo con el suyo, y dejó que el frío de diciembre se colase por la ventana abierta. Víctor se giró, mirando fijamente el cuerpo de Andrea. Ella esbozó una sonrisa y le dio la espalda, dejó que se acercase y se tendiese a su lado, abrazándola.
- ¿Tienes frío?
- No- respondió Andrea, acurrucándose. Cerró los ojos, consciente de que Víctor la miraba con aquella cara de estúpido que ponía siempre. Él se limitó a acariciarle el pelo, desenredando con suavidad los mechones rojo oscuro que salpicaban la melena negra como ala de cuervo.
Se quedaron dormidos mientras los dos cigarrillos a medias se consumían en el cenicero.

Aún no había llegado el amanecer cuando Andrea abrió los ojos y comprobó que el brazo de Víctor estaba aún sobre su cintura. Sus labios alargados se torcieron en una sonrisa mientras pasaba la mano por su barba de varios días, deleitándose en su aspereza. Los ojos grises de Víctor se abrieron muy despacio, enrojecidos y turbios. Se sentó en el borde de la cama, desparramándose la melena castaña por la espalda.
Encendió otro cigarro con avidez, dando largas caladas, y al terminarlo se fue hacia la ducha sin dejar de admirar el cuerpo desnudo de Andrea. Ella misma se coló en la mampara de cristal con una sonrisa, besando a Víctor con presteza, abrazándose a él mientras el agua caliente caía sobre ambos.

Víctor salió del cuarto de baño con una pequeña toalla enrollada en torno a su cintura, con el pelo mojado sobre los hombros y vapor casi emanando de su piel. Empezó a secarse el pelo, apoyado en la pared, mientras Andrea buscaba su ropa interior por el suelo, dándole una hermosa perspectiva a Víctor del tatuaje que corría por la parte derecha de su espalda. Espero a que terminase de ajustar el cinturón de los vaqueros y se arreglase la camiseta.
- ¿Te vas?- le preguntó, casi nervioso.
- Sí.
- Creí que ibas a quedarte. Unos días- ella no respondió, le miró de reojo, suspiró exasperada y se dio media vuelta. Aún no había encontrado el sujetador.
- Mira…creo que es mejor que nos veamos siempre así- Víctor se encogió de hombros-. Sabes, yo no funciono en las relaciones estables. Prefiero…prefiero esto. Verte de vez en cuando, cenar y ver una película contigo, que hagamos el amor y nos duchemos juntos. Pero nada más- Víctor tardó varios segundos en contestar, concentrado en la mirada de los ojos verdes de Andrea, tan súbitamente serios, y el ligero temblor de su labio inferior. Sin embargo no esperó, y se dio media vuelta para seguir buscando su ropa.
Víctor tomó aire, y se acercó lentamente a ella, meditando lo que iba a hacer con cada paso, a punto de batirse en retirada. Sintió el escalofrío de Andrea cuando la tomó suavemente por las caderas, cerrando sus brazos alrededor de sus caderas con delicadeza.
- Dime que no me quieres. Que no quieres que te quieran. Dime que no quieres que me duerma a tu lado cada noche después de quedarnos agotados, que no pasemos horas abrazados bajo la ducha. Dime que no quieres que te despierte cada mañana con un beso. Si es cierto, dímelo- susurró junto a su oreja, lentamente y con voz profunda.
Andrea tembló un momento, y contuvo un sollozo mordiéndose los labios, mientras Víctor le acariciaba el cuello con los suyos.
Entonces ella se dio la vuelta con una lágrima despeñándose por sus mejillas dulces, y dejó que los labios de Víctor encerrasen los suyos durante apenas un segundo eterno. Acarició el rostro que pretendía bebérsela con la mirada, y salió descalza por la puerta con las zapatillas en una mano y su cazadora en la otra, enterrando aquella noche con cada paso."

Otro desvarío más. Me han dicho que el personaje femenino es invisible y que le falta personalidad. Pero a mi me gusta. Ahora la palabra la tenéis vosotros.

23 noviembre 2006

Beso de sangre

Una cosa que escribí hace unas semanas para un concurso. El límite era una página, así que como no tenía espacio para una "historia" auténtica, me puse descriptivo.

"La luna se escondió, tímida, tras un grueso nubarrón gris que empañaba la oscuridad tachonada de diamantes que cubría aquella noche el castillo. Un relámpago quebró el horizonte, azul y brillante, y su trueno hizo estremecer las antiguas piedras grises del gran torreón.
A sus pies, el caballero esperaba anhelante, empapado de lluvia. Una luz titilaba en la más alta ventana del torreón, en las estancias de su dama. El caballero esperaba, paciente e inmóvil, a que la luz se apagase, y su dama saliese a su encuentro.
La luz se extinguió con un suspiro, y una gota descendió de la barbilla del caballero. Antes de que golpease contra el suelo embarrado, unos pasos tímidos y ligeros descendieron las escaleras a la velocidad de un pensamiento, y la esbelta silueta de la dama se recortó contra el umbral que conducía a la torre.

El corazón del caballero se sintió atravesado por su mirada helada, por dos puñales azul profundo y delicado, como pozos de estrellas. Los labios voluptuosos de su dama se curvaron en una sonrisa y, casi como si ese gesto lo llamase, el caballero se acercó con pasos inseguros.
Su dama le enlazó el talle con brazos largos y delgados, y alzó una mano pálida, surcada de venas azuladas, para acariciarle la mejilla mal afeitada. Un escalofrío recorrió la espalda de él como un cuchillo. Las mismas agujas que los ojos de su dama le clavaba en el corazón parecieron reptar por su costado, mientras la mano descendía.
Aguantó la mirada unos momentos, pero cerró los ojos, abrumado por la profunda belleza que se insinuaba bajo aquellos ojos fríos y terribles, que parecían escrutarle hasta el rincón más profundo de su alma. Ciego, esperó un beso largamente anhelado.
Su corazón quiso saltar del pecho cuando notó la gélida presencia de su dama más y más cerca; casi pudo notar el susurro de sus labios al sonreír.

Como si quisiese detener el tiempo en aquel instante, el cielo cesó su llanto mientras los labios de la dama se posaban, ligeros, sobre los del caballero. Él sintió un nuevo escalofrío ante aquel contacto helado. Su alma se encogió por momentos, cautivada por la amorosa presión que le ceñía, dulce y tan efímera como su dama desease.
Ella sonrió de nuevo, desde su interior, y el caballero casi pudo sentirlo a través del íntimo y frío contacto que compartían. Sus brazos colgaban, igual que todo su cuerpo, embelesados. Parecía que sólo el férreo abrazo de su dama lo mantenía en pie.

De súbito, el beso se tornó amargo. El tenue placer que insinuaban los labios de su dama se tornó lenta y firmemente en dolor, fluía desde los labios hasta el corazón y le hacía sentir muy débil. No logró resistirse, apartarse del violento beso de su dama.
Abrió los ojos apenas, con los párpados de plomo, y se encontró con un brillo desconocido en aquella mirada de hielo, casi sonriente. Antes de perderse en un océano de inconsciencia, notó el cálido fluir de la sangre manando de sus labios, perdiéndose en su cuello y su pecho. Su dama lo apartó con brusquedad, con el rostro carmesí y los ojos azules.
El caballero chocó muerto contra el barro, salpicando en todas direcciones, y aún así sin mancillar el inmaculado vestido blanco de su dama. La sangre que manaba de sus labios rotos, desgarrados por crueles colmillos, se perdía entre la lluvia y el barro."

Juzguen.

20 noviembre 2006

Palabras

“No quiero el verbo raro
ni la palabra extraña.
quiero que todas,
todas mis palabras
-fáciles siempre
a los que aman-,
vayan ungidas
con mi alma”

León Felipe

25 octubre 2006

Retazos 03

"Jorge removió el café con desgana, bostezó sin taparse la boca y se recostó sobre la incómoda silla de madera. Eran las siete de la mañana, y el ambiente de la cafetería ya estaba demasiado cargado para su gusto. Estaba abarrotada, como siempre. Jorge reconoció algunos rostros.
Llevaba dos meses desayunando en aquel lugar, a la misma hora cada día de la semana. La verdad, el sitio no le gustaba nada.
Ella atravesó la puerta acristalada a la hora de siempre, las siete y cinco. Le hizo un gesto al camarero, que asintió con familiaridad y le dirigió una sonrisa. Se sentó en su mesa, al fondo y mirando hacia la puerta. Cogió un periódico y lo abrió por la sección de economía. Jorge esbozó una sonrisa nerviosa, y se sentó con la espalda recta. Bebió un largo trago de café y apretó nervioso la correa de su maletín, tirado sobre la mesa de madera.
´
Hacía dos meses, Jorge había chocado sin querer contra una mujer que no pasaba del metro sesenta y cinco, delgada y de larga melena rubio oscuro. Se había disculpado sin pensarlo, pero antes de poder seguir con su camino, una sonrisa ligera le había atravesado de parte a parte. Se había girado para ver hacia dónde iba la dueña de aquella sonrisa embriagadora, que, mientras él se quedaba quieto en mitad de la calle, entraba en una cafetería.
Por alguna estúpida coincidencia, quizás un semáforo en rojo o el tiempo que había tardado en buscar los calcetines, Jorge había vuelto a cruzársela al cabo de unos días. Ella ni siquiera había reparado en él; era uno de tantos tipos con maletín y americana que iban al trabajo caminando. Jorge se había metido en el mismo café, y de aquello hacía ya dos meses.

Durante cincuenta y ocho días, Jorge no se había cansado de remover café hasta que se enfriaba, de ver cómo ella pasaba las páginas del periódico con delicadeza y cortaba en trozos diminutos su tostada. Y tampoco de dirigir miradas furtivas hacia sus ojos, sus labios, sus pechos, sus piernas... Incluso hacia los pequeños granos que le salían de vez en cuando en la barbilla. Pero, por algún motivo, no se había acercado nunca a ella. Cuando lo pensaba en frío, creía estar comportándose como un psicópata.
El camarero la llamaba Elisa.

A las siete y media, como todos los días, ella se levantó y dejó un billete de cinco junto al café, se despidió del camarero con un gesto, y salió a la calle. Jorge suspiró y se frotó las sienes con las manos, en parte para secarse el sudor. Dejó varias monedas sobre la mesa y se marchó a grandes zancadas. El aire de noviembre le golpeó en los pulmones mientras recorría la avenida con la mirada. La reconoció, incluso de espaldas.
Caminó lentamente, siempre una decena de metros tras de ella pero sin desviarle la mirada. Ella se detuvo en un paso de cebra. Había empezado a lloviznar, así que Jorge se subió el cuello del abrigo y cogió aire. Ella acababa de sacar un móvil e iba marcando un número. Alzó la mirada cuando un sonido anunció que el semáforo estaba en verde para los peatones, y dio varios pasos.
El chirrido de las ruedas de un coche al resbalar por el asfalto estremeció el aire.
- ¡Elisa!- gritó Jorge, demasiado tarde.
El frágil cuerpo de una mujer que se llamaba Elisa y desayunaba café con leche y una tostada muy hecha yacía junto a la acera como una muñeca rota. La sangre que manaba a borbotones de su cabeza se colaba por una alcantarilla, y las piernas estaban dobladas en un ángulo grotesco.

Jorge jamás pudo olvidar aquella mirada acusadora que le dirigían sus preciosos ojos verdes, muertos, y las débiles contracciones que estremecían sus labios mientras el aire se le escapaba de los pulmones.
Si no le hubiese estado mirando el culo, Jorge habría visto venir el coche."

En fin. Vosotros diréis.

11 octubre 2006

Retazos 02

Se me ha ido la pinza cosa fina.

"Carlos miró por la ventana. La luz de las farolas era de un amarillo viciado, y la lluvia martilleaba en el cristal. Le agravaba el dolor de cabeza, así que se tomó una pastilla y apagó el ordenador portátil que había sobre el pulcro escritorio.
Abandonó su oficina tarde, como todos los días. No estaba como para dejar de haces las horas extra. Sólo quedaba el vigilante nocturno, Alberto, que le despidió con una palmada en el hombro. Carlos levantó la mano, de espaldas, y salió a la calle.
Molesto, abrió el paraguas y echó a andar. La zona era muy tranquila, y no había nadie en la calle, excepto los eventuales vehículos que atravesaban la calle rectos como una flecha.

Pese al paraguas, cuando Carlos se detuvo estaba empapado, pero apenas sentía la humedad en su ropa. Ante él se erguía un edificio de apartamentos de diez plantas, todo hormigón y cristal. Había apenas media docena de ventanales por los que se escapase la luz, pero Carlos había fijado la vista en uno sólo. Sacó el teléfono móvil y marcó un número que se sabía de memoria.
- Estoy abajo- dijo antes de que nadie respondiese.
- ¿Qué? ¿Abajo dónde?
- En frente de tu casa- Carlos sintió una punzada en el corazón cuando vio una esbelta silueta tras el cristal.
- ¿Estás loco? Lárgate antes de que te vea Pedro- susurró la voz al otro lado del teléfono, aguda y nerviosa.
- Te echo de menos...
- Márchate o llamo a la policía- fueron las últimas palabras antes de que un descarnado "click" terminase con la llamada.

Carlos siguió caminando, esta vez sin rumbo. Sentía la cabeza vacía, ajena a todo, incluso a las gotas de agua que se colaban por un agujero en el paraguas y le mojaban el rostro.
- ¡Eh, colega!- dijo un hombre desastrado, poniéndose en frente de Carlos. Su abrigo marrón estaba mugriento y deshilachado. Le olía el aliento a podrido, los dientes estaban amarillentos y el rostro sucio-. ¿Tienes un par de eurillos? Que me' quedao sin na' pa' esta noche...
La sonrisa que le dirigió el mendigo fue la gota que colmó el vaso. Sin pensar, arrollado por la furia contenida y el instinto, Carlos le golpeó en la mandíbula, sintiendo el crujido de sus propios nudillos. Ni siquiera le dio tiempo a gritar, porque otro puñetazo se proyectó en su nariz, y otro en su estómago, vaciándole el aire de los pulmones. Aquel hombre delgado cayó al suelo, y durante un minuto aguantó una lluvia de patadas sobre su cuerpo.
Cuando Carlos recuperó la perspectiva, tenía el caro zapato negro manchado de sangre, y el rostro sonriente del mendigo se había convertido en una máscara rojiza y viscosa. Carlos dio media vuelta, con la cabeza dándole vueltas, y siguió caminando mientras la lluvia le limpiaba la sangre en el zapato
El paraguas seguía abierto junto al cadáver."

Comenten a su gusto, damas y caballeros.

05 octubre 2006

1918-2006

El miércoles a las cinco y media de la tarde mi abuelo murió en una cama del hospital San Agustín de Avilés.
Nada raro en un hospital, supongo, el hecho de que muera alguien. La verdad es que duele, pero no tanto como creía. Al fin y al cabo, tenía ochenta y ocho años.

Después del velatorio y el funeral, lo que más me jode es pensar que murió sufriendo. Después de tres paradas cardiacas el sábado, no soportó una más el miércoles. Domingo y lunes los pasó practicamente inconsciente, enchufado al suero y meando por un tubo. Pero el martes empezó a recuperar la consciencia, reconocía a la gente, etcétera. Tenía paralizado el lado derecho del cuerpo completamente, y también parte del izquierdo. Le daban calmantes para el dolor, pero por mucho que se lo pedimos no quisieron ponerle un sedante para que dejase de sufrir.
Porque al mirarlo, intentando incorporarse sin ser capaz, con los ojos velados y la voz ronca no se me ocurría otra cosa que no fuese que mi abuelo estaba sufriendo en las últimas horas de su vida.
Así que los médicos se dedicaron a darnos largas y a decir "Sí, ya lo hemos dormido" mientras mi abuelo se retorcía en la cama.

Pero en fin, polvo al polvo.

Otra cosa que me ha enfadado mucho ha sido el velatorio. Nunca en mi vida había visto tamaña muestra de hipocresía (bueno, igual sí, pero esta me toca más de cerca); veinte personas mirando un ataúd, con sonrisitas y palabras vacías (¿cuándo se dará cuenta la gente de que la frase "No somos nada" es jodidamente estúpida?), proclamando lo a los cuatro vientos lo mucho que le querían y lo que le echan de menos.

Por favor...en dos años que llevaba mi abuelo viviendo con nosotros apenas cinco personas (nosotros aparte, quiero decir) se preocupaban por él, así que no me jodan, señores, no me jodan.

La misa, y demás, fue bastante bonita. El cura de Latores conoce a mi familia materna desde que mi abuelo era joven, y la verdad es que nos dedicó unas palabras muy bonitas. No simpatizo en absoluto con la religión ni la liturgia católica, pero me encanta el ominoso misterio de las iglesias.

De todas formas, creo que lo que se me hizo más jodido fue llevar el ataúd, como una especie de representación física del peso del dolor.

Pese a todo, y por muy mal que pueda sonar, me "alegro" de que mi abuelo haya muerto. A los ochenta y ocho años puedo decir que no le quedaba casi nada por hacer, aparte de esperar sentado a la muerte. Llevaba seis meses muy echo polvo, y supongo que el primer ataque al corazón le llegó el sábado como podría haberle llegado dentro de dos meses. Sinceramente creo que no importa tanto que haya muerto ahora, si el resto de días que le quedaban iban a reducirse a convertirse poco a poco en nada. Pero supongo que eso es la vejez, ir menguando poco a poco, hasta que ya no queda nada de ti.

Aunque aún puedo ver a mi abuelo lleno de tubos, pálido y demacrado, en una puta cama de hospital, creo que me voy a quedar con el recuerdo de cómo sonreía al comer tarta de chocolate.

Requiescat in pacem (me encanta el latín...).

02 octubre 2006

Retazos 01

Bien. Como en este blog no tengo demasiadas cosas que poner, y sé hace poco más que esto, voy a poner pequeños fragmentos de cositas en la línea de una serie de relatos que he escrito, "Conversaciones".
El género, creo, es costumbrista. Lo más probable es que no haya personajes fijos, así que serán simplemente pequeños fragmentos de nada concreto.
De todas formas, espero que os gusten, y que critiquéis todo lo criticable (sobre todo tú, Coto, que sé que espías por aquí ^^).

"Laura dejó escapar todo el aire de sus pulmones, y esperó a que se le aclarase la vista y el cosquilleo que le recorría el vientre y entre los muslos se desvaneciese lenta y dulcemente.
Entre las sombras, heridas apenas por una docena de velas distribuidas por la habitación, vislumbró el cuerpo de él, sentado sobre la cama mientras buscaba algo en sus pantalones.
- ¿Me vas a pagar?- rió ella al escuchar el tintineo de unas monedas.
- Ojalá hubiera sido tan bueno- gruñó él. Laura dejó pasar el comentario, y perdió la mirada en el techo.

Era el quinto tío de la semana, y había sido el más insulso. Una hora restregándose contra su cuerpo, y un soso orgasmo cuando él ya desfallecía. Ni siquiera había tenido una palabra, aunque fuese una guarrada. Se había limitado a gemir como una niña, con el flequillo teñido de rojo pegado a la frente.
A Laura ya se le había olvidado la conversación insustancial que habían tenido en la discoteca. Supuso que con la minifalda y el escote tampoco necesitaba decir mucho más.
- Me voy- dijo él, terminando de abrocharse la bragueta.

Laura no se digno a despedirse. Escuchó casi con placer el portazo, y miró el reloj. A las cinco de la mañana, el único sonido era el de su propia respiración.
Mientras se arrebujaba entre las sábanas, se sintió desoladoramente vacía. Ya no se acordaba del nombre del quinto tío de la semana."

Espero opiniones, señoras y señores lectores...

01 octubre 2006

(Un)Easy to hurt

Llegué a casa a las 4:02 de la mañana. La noche había empezado a las diez en El Delfín. Un café con hielo y Baileys para ir calentando (y un pincho, por supuesto, que las tripas tiran). Fonso, mi hermana, Jess, Angela, Alba y Juli.
Luego cerveza y más cerveza, billar y futbolín en el Entama. Llegan David y Raúl. Más cerveza y vodka con limón en La Caverna de la Bestia. Horas y horas de conversación, de peces chupópteros y la madre que los parió. Viene Rubo, pedimos Queen y nos ponen unos Pecos edulcorados. Sonrisas algo cansadas, carcajadas que vacían los pulmones y nicotina que los pudre. La noche se va quemando lentamente.
De vuelta al Entama, más cerveza, más conversación. Marihuana, y la compañía añadida de un argentino. Cerveza, limón y Nightwish (no importa buscar a una dama más allá de las colinas; ella siempre está más lejos, "Over the hills and far away" duele).
Kebap mientras vuelvo a casa con Fonso y mi hermana pequeña. Promesas, sonrisas y un lunes a la vuelta de la esquina.

Vuelvo a casa, meto las llaves para no hacer ruido. Veo la luz titilante del televisor, azul. Mi padre está acurrucado en una esquina del sofá. Saludo, y voy felizmente a vaciar la vejiga. Se levanta mi hermana mayor, y me dice que vaya a hablar con mi padre. Se me encoje el alma; sus ojos están hinchados y le tiembla la mano mientras sostiene un cigarrillo.
Por fin, me siento en el sofá y recuerdo que habían llevado a la residencia a mi abuelo porque había quedado inconsciente al golpearse la cabeza contra la puerta del coche, sin querer. Se me pasan imágenes fugaces bajo los ojos. Mi corazón alcanza el tamaño de una nuez cuando veo que mi padre tiene un rastro de lágrimas en la mejilla.
- Hola...- susurro. No responde, y se me hace un nudo en la garganta cuando intento preguntar.
- ¿Qué tal gúelito?- me atrevo a decir, un par de segundos más tarde.
- Mal... Nos marchamos a las dos de la residencia.
- Joder...¿y eso?- la nuez se convierte en almendra.
- Al final no se había dado en la cabeza. Le dio un paro cardiaco- se frota el ojo, disimulando. A mí no se me ocurre nada que decir.
- Y, bueno, lo subimos a la residencia y le dieron otros dos ataques.
- Mamá destrozada, ¿no?
- Sí, se marchó hace nada para la cama.
- Pf...¿qué os dijo el médico?
- Que lo habían sedado. Cuando subimos a la habitación estaba inconsciente.
- ¿No lo tienen en la UVI ni nada?
- No. Entró por Urgencias y luego a la habitación.
- Joder...
- Está mal. El me´dico dijo que tenía difícil recuperarse, y que entonces perdería la sensibilidad en el lado derecho.

Mi padre se va a la cama. Le abrazo y le doy un beso en la mejilla. Mis hermanas hacen lo mismo, y él se mete entre las sábanas, intentando no despertar a mi madre, cuyas lágrimas seguramente empaparían la almohada.



Tantas cosas parecen importantes, y en un minuto pueden convertirse en susurros en el viento. Hace un rato pensaba que la vida es un setenta por ciento de dolor, pérdida y nostalgia. Y duele creer que es verdad.
Odio mirar hacia delante.

13 septiembre 2006

Hollow

Bien, aquí está la primera entrega de mis poéticas (en cuanto consiga poner etiquetas, lo etiquetaré con ese nombre).

Con este ya van noventa poemas. Y creo que casi doscientos versos para la misma dama a la que se dirigen estos.

"Llueve, truena dolor sobre mi corazón cuando miro
Tus ojos fríos, dulces, rotos. Cada sonrisa es una
Espina que me abraza el alma con viejos sentimientos,
Muertos en vida con tu silencio, ardiendo de nuevo por
Tus palabras, por el dolor que no quiero ver en tu vida.
Cada noche sueño contigo, con despertar cada mañana
Y ver tu mirada sonreír, escuchar el susurro de tu
Sonrisa, con acostarme a tu lado cada noche y
Abrazar tus sueños de princesa triste y sufriente.
Pero de nada sirven mis sueños si me calla la
Garganta cuando quiero hablar contigo, si me da
Miedo que algún día me quieras, y entonces el fantasma
Del caballero se desvanezca, y veas que tengo el corazón
Hueco."

Tuyos, siempre.

09 septiembre 2006

Welcome to dying!!

Aquí habrá sobre todo palabras. Para empezar, un poema de William Blake.


"The sick rose"


O Rose, thou art sick!
The invisible worm
That flies in the night,
In the howling storm,
Has found out thy bed
Of crimsom joy,
And his dark secret love
Does thy life destroy.



"La Rosa Enferma"


¡Oh, Rosa, estás enferma!
El gusano invisible
Que vuela por la noche,
En la tempestad que aúlla,
Ha descubierto tu cama
De gozo carmesí,
Y su amor oscuro, secreto,
Te consume la vida.


Vale, frateres.