27 enero 2011

Desde la ventana 05

"Pasa más de un año desde la última vez que me paré a pensar mirando por la ventana. Dos cero cuatro, hora irlandesa, dos grados que invitan a salir a la puta calle a congelarse de frío, pero de mentira. Pero el ritual es el mismo; dale al play y confía en la música del azar aleatorio, y entre nota y nota absorbe humo y se lo escupes al aire. Así que el tabaco se empieza a quemar, los pulmones, el oído y el cerebro se ponen a trabajar al unísono, a ver qué se les ocurre.

Ante todo, la ventana es distinta. Ahora mismo sí es una ventana, pero de normal es una puerta o un alféizar casi a ras de prao, y lo único que hay delante son árboles, piedras y bichos, nada de edificios y personas. Ésa es la primera diferencia, la que primero me golpea el cerebro. Después viene la ausencia de "ruido". El sonido está por todas partes; pájaros, pasos, neumáticos incluso, pero en general, nada. Pero es más una banda sonora que otra cosa, algo en lo que no te fijarías a no ser que quisieras. Ésta ventana es más tranquila, más abierta, más grande.

Pero ahora mismo (dos veintitrés) es de noche y desde la otra ventana (LA ventana) lo que se ve son luces amarillas, lejos. Y la historia es muy distinta. La música marca el ritmo y las caladas lo subrayan, sin dar ni quitar razón. Y el cerebro se va moviendo, salta de lado a esquina y se piensa a sí mismo. Es difícil explicarlo a la misma velocidad a la que sucede, son cuatrocientas cincuenta y tres chispas de electricidad a cada segundo, que en palabras no sé cómo se traduce. Es una miríada (como si fueran miriápodos) de imágenes entrelazadas, en cuatro palabras.

Detrás de los setos y el cobertizo hay otra casa, con dos ventanas en la segunda planta a las que puedo mirar desde la segura perspectiva de estar medio metro más arriba; señora mayor y estudianta. Y las dos luces están encendidas, ¿qué sucede en esa casa? Lo mismo que en ésta, pero con distinta forma. Me importa cada vez más lo que pasa dentro que lo que pasa fuera (el sueño más que la realidad). Y sobre todo lo que pasará en el horizonte cuando esté al alcance de la mano. Me importa ver los cuervos hablarse por las mañanas, sobrevolando los árboles, limpiarse el pico contra los bordes del tejado, y mirarse de lado. Siempre pienso en cómo siente el frío un pájaro. Seguramente como un dinosaurio, pero con plumas (como un dinosaurio, he dicho).

Y conforme la ceniza aumenta y se despide deshaciéndose en partículas, los pensamientos se vuelven aún más borrosos. Hubo un señor que contaba una noticia; "Hoy, hombre puesto de ácido descubrió que toda materia es sólo energía condensada en lenta vibración; que todos somos una única conciencia experimentándose a sí misma subjetivamente; no hay tal cosa como la muerte, la vida es sólo un sueño y somos la imaginación de nosotros mismos. Y ahora Tom con el tiempo". Así de rápido se puede pasar de una cosa a otra. Pero eso no le quita razón, en realidad.

De repente un cambio sutil en la música, algo que suena a olas de la mar meciéndote (otro señor, que sabe de lo que toca), al sentido distorsionado del oído bajo el agua. Y la sensación de fluidez mental y física, como caminar sobre rayos de sol de invierno. Superfluir y galaxear empiezan a ser dos de mi verbos preferidos. Entre tanto me pregunto por qué en mi camisa de franela aparecen pelos mediorrubios, y sigo fumando delante de las nubes, que de vez en cuanto se apartan y el sol me ofrece su saludo cansado, de haber estado eras brillando. Y todo lo demás empieza a importar realmente poco o nada.

Ya me he pasao de líneas, ¿qué más da?"

Y ya está. Para la próxima ventana igual digo adiósmundocruel y me voy a Marruecos para nunca volver^^.

2 comentarios:

Mimí dijo...

Precioso. Me ha sorprendido porque en medio del caos de ideas hay mucha coherencia y porque me ha hecho "casar" sentimientos con imágenes y con sonidos... Welcome back! ^^

Patro dijo...

Ya te dije lo que pienso... me enamoré perdidamente de la última frase... te odio ¬¬ xD